lunes, 19 de abril de 2010
jueves, 15 de abril de 2010
la vuelta al mundo
Viajes y vueltas al mundo
A mí, esta idea de dejarlo todo para dar la vuelta al mondo o participar en cualquier iniciativa social, médica, humanitaria u otro, me parece muy valiente, puesto que – como explican en el texto – no se trate de una huida hacia delante, sino de una decisión bien pensada y madurada.
Admiro a las personas que tienen el valor de hacerlo y tengo que admitir que yo no lo haría, por varios motivos.
En primer lugar, no soy una persona que se adapte fácilmente a los cambios ni que tenga un gusto particular por la aventura y el desconocido. Prefiero la tranquilidad, la seguridad y, para ser honesta, no me molesta la rutina. (¡A lo mejor, entre 20 años, ya no lo pensaré así!)
En segundo lugar, estoy muy liada con mi familia, y no pienso que se me daría bien pasar tanto tiempo lejos de mis familiares (¡y de mis caballitos!)
En tercer lugar, me gustan mucho mi piso, mi trabajo, mis actividades… Para resumirlo, me gusta mi vida tal como es, y no me apetece cambiarla toda de un día para otro.
Dicho eso, si yo no fuera lo que soy y decidiera tomarme un año sabático a pesar de todo, probablemente iría a China o a Japón para aprender el chino o el japonés y conocer otra cultura muy diferente de la nuestra. O iría a Oceanía con un grupo de biólogos para estudiar la flora y fauna local. O bien iría a Polinesia a trabajar en un cultivo de ostras perleras…
Bueno, ¡que deje de soñar!
Para terminar, me parece muy sorprendente e interesante que algunas empresas en Suecia sigan pagando – por le menos en parte – a los empleados que se toman un año sabático. A decir verdad, no entiendo porque lo hacen…
Julie B.
martes, 13 de abril de 2010
Viaje al fin del mundo (o no)
Por otra parte todavía se pueden vivir experiencias casi únicas, viajes muy muy especiales. Un ejemplo lo podemos encontrar aquí.
Cada una de las dos opciones tiene su qué. Os propongo que escribáis aquí vuestras opiniones o experiencias sobre una de las dos opciones (año sabático, viaje especial).
lunes, 15 de marzo de 2010
Los ruidos de mi infancia
Pienso en los ruidos durante las noches cuando era pequeña en Rwanda.
Cuando era niña y despuès que mi padre murío, las noches estaban llenas de miedo y de angustia. Los cuentos de las tías que hablaban de leopardos o de léones que se acercaban de las casas al anochecer fueron probablemente la razón por la que nosotros los niños teniamos miedo.
Las guerras sucesivas (conflictos interétnicos) despuès los años 59 no ayudaron a mejorar la situacíon. Toda la noche, la gente escuchaba por si las moscas un animal salvaje se acercara o si un cualquier enemigo atacara la casa.
De noche, si oíamos un grito de hombre que necesitaba ayuda, cada persona mayor (un hombre de preferencia) debía levantarse y correr hasta la casa de la persona para ayudarla.
A veces era una persona muerta o una mujer a punto de dar a luz que necesitaba hombres fuertes para trasladarla al hospital (fuera de cuantos kilómetros) sobre una camilla o una casa que estaba quemando.
Los gritos de sapos en los pantanos o de aves nos despertaban por la madrugada.
Muchas personas se acuerdan de la noches de Navidades con nostalgia. Pero hasta donde llegan mis recuerdos, esas noches erán muy peligrosas para una categoria de la poblacíon que medía al oír los gritos de hobres borrachos volviendo de a misa de gallo. No sabía lo que podrían hacer.
Siempre tuve miedo de la noche hasta que llegué a Belgíca.
Silencio según la RAE

(Del lat. silentĭum).
1. m. Abstención de hablar.
2. m. Falta de ruido. El silencio de los bosques, del claustro, de la noche.
3. m. Falta u omisión de algo por escrito. El silencio de los historiadores contemporáneos. El silencio de la ley. Escríbeme cuanto antes, porque tan largo silencio me tiene con cuidado.
4. m. Der. Pasividad de la Administración ante una petición o recurso a la que la ley da un significado estimatorio o desestimatorio.
5. m. Mil. Toque militar que ordena el silencio a la tropa al final de la jornada.
6. m. Mús. Pausa musical.

